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Javier Cañada en Designonscreens

Javier Cañada: una historia del diseño de interacción

La semana pasada pudimos contar con Javier Cañada en el máster. Lidera la actividad creativa de Tramontana y es uno de sus socios fundadores. “Dirijo las iniciativas y proyectos de diseño en Tramontana.co, una firma dedicada a diseñar productos, mensajes y espacios que brindan belleza, utilidad y prosperidad para nuestros clientes”, es decir, da coherencia y asegura la calidad máxima de todos los proyectos.

Es uno de los grandes prescriptores del diseño de interacción en España y Latinoamérica. Ha escrito multitud de artículos y participado como ponente en los congresos y conferencias más relevantes del sector. Ha sido uno de los fundadores de Cadius, la primera comunidad española de arquitectura de información y usabilidad y escribe uno de los blogs de referencia en nuestra profesión, Terremoto.net.

Ha trabajado como diseñador o director de diseño y experiencia de usuario en lugares como IconMedialab, Indra o The Cocktail y en 2007 fundó Vostok Studio, su propio estudio, el cual se convirtió en uno de los referentes españoles. También es conocido por su Programa Vostok, donde se han formado algunos de los mejores diseñadores del país.

Introductor del concepto de diseño de sistemas, la primera vez que habló sobre ello fue en el 2012 aquí, en Salamanca, en el UX Spain. Pero esta vez vino a hablarnos sobre la historia del diseño de interacción.

Estética y belleza son importantes, pero hay que virar hacia el diseño industrial a la hora de crear productos digitales. 

Hicimos un camino por la historia para ver cómo se nutre el diseño. Deberíamos empezar preguntándonos ¿es lo bello útil o es una mera cuestión estética? Para poder contestar a esta pregunta reflexionamos sobre dos acontecimientos:

El primero, el debate político televisado en EEUU, Nixon contra Kennedy. Este último tenía experiencia en televisión, iba maquillado, vestido haciendo contraste con el fondo y se sabía comportar delante de la cámara, mientras que Nixon no. Los espectadores que vieron el debate dieron como claro ganador a Kennedy y los que lo siguieron por la radio a Nixon.

El segundo fue un experimento realizado por científicos japoneses en el que disponían un cajero automático “bonito” pero no usable y otro usable pero con elementos de fealdad. La gente decía que era más fácil de usar el más bello de los dos.

De esto sacamos que lo bello se percibe como mejor y ayuda a la percepción de usabilidad, pero…¿qué es bello?, ¿cómo se construye la belleza?, ¿qué hace que algo sea bello a lo largo del tiempo?, ¿y a lo largo del espacio?

Lo que siempre nos pareció bello sigue, por normal general, una serie de principios, que son: el principio de unicidad, el de geometría, simetría, recursividad y neutralidad.

Pero el diseño, además de bello (o de todo lo bello posible), debe ser usable y cómodo para el usuario. Se puede decir que el diseño centrado en el usuario nació con Henry Dreyfuss y su diseño para los tractores de John Deere y los aviones para el ejército de los EEUU.

Dreyfus fue el primero en diseñar investigando la antropometría. En 1955 escribió Designing for People, donde ilustra sus principios éticos y estéticos y una explicación de sus tablas antropométricas “Joe” (con el que salimos en la fotografía) y “Josephine”, es decir, las medidas del hombre y la mujer medios en el Estados Unidos de aquella época. En 1960 publicó The Measure of Man, una colección de tablas de referencia ergonómicas que proporcionan a los diseñadores especificaciones precisas para el diseño de productos.

Fue uno de los primeros en darse cuenta de que el contexto de uso y la biología influye. Pero no son los únicos factores a tener en cuenta. Diseñar es resolver una ecuación entre función, forma, usuario, contexto y dispositivo, y como Javier Cañada nos dijo:

Hacer conexiones entre todos esos puntos es el diseño centrado en el usuario.

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